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  • Fernando “Catuto” Ojeda

Alejandra Naunchuk, “La Mañiusa” escritora, poeta, militante social política winifredense

Alejandra Naunchuk conocida como “Mañiusa” tiene 81 años, nació el 8 de mayo de 1940 en Winifreda, provincia de La Pampa. Su papá se llamó Gregorio Naunchuk, su mamá fue Olga Golovca, provenían de Ucrania al igual que su abuela “Doña Pola” Pelagia y su abuelo Pablo.

cronista: Fernando “Catuto” Ojeda.


Tuvo como hermana a Mabel y a Carlos Alberto que ya fallecieron y tiene una hermana menor llamada Nilda que vive en la ciudad de Santa Rosa al igual que ella “La Mañiusa”.


María Alejandra “Mañiusa” fue delegada y miembro de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), sufrió cesantías durante las dictaduras genocidas de nuestro país y por ende de nuestra provincia por su militancia política y gremial. Actualmente pertenece a la Asociación Pampeana de Escritores (APE), asociación en la que supo ser su presidenta.


Naunchuk ha publicado el libro de poemas “La Espiga Sembradora” (poemas, Ediciones Acercándonos) esta obra fue presentada en la apertura del 6° Encuentro Internacional de Poesía en La Habana, Cuba. Alejandra ha participado en antologías poéticas y en encuentros literarios realizados en Argentina y en Cuba e integra el Grupo “América Latina” (GALFISA), del Instituto de Filosofía de La Habana, desde su fundación.


“El último resplandor” es su último libro publicado en el mes de noviembre del año 2017 con la Editorial Acercándonos, se presentó en la sede de APE (Asociación Pampeana de Escritores) y contó con la participación de las cantoras Hilda “Negra” Alvarado y Pamela Díaz, y la danza de Magalí Gigena. En dicha presentación estuvieron presentes un grupo de obreras y obreros de la vieja fábrica “Alpargatas-Calzar” que fueran despedidos por los ajustes a los que se sometió la planta de trabajadores en los años 90, cuando el modelo neoliberal hacía estragos. La presencia de este grupo de obreros y obreras se debe a que Mañiusa supo acompañarlos en sus reclamos por la reincorporación y el cese de despidos indiscriminados por parte de la firma “Alpargatas Calzar”. En su libro de relatos “El último resplandor” Mañiusa aborda este hecho en el relato titulado “Una porfía en el Horizonte”.


En diálogo con Mañiusa abordamos como fue su militancia en torno a la lucha desde lo gremial y como fue que se dio su relación con el arte de la escritura.


_ Mañiu, te vengo a ver porque sos de Winifreda, escribís y fuiste y sos una luchadora social y política. Hace unos días con mi compañera de radio de “Un barco llamado Haroldo-un viaje literario y radial” fuimos a charlar con Juan Carlos “Pinky” Pumilla sobre lo que fueron los comienzos de APE y el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos. Según el Pinky después de 1982 se empiezan a juntar los que van a conformar la APE en la locación del periódico Planteo, periódico que había fundado Pinky Pumilla junto a Gringo De Pian y si no entendía mal con Nelson Nicoletti. También contó Pinky que otras reuniones claves fueron en el patio de la casa de Muruma Lucero. Pinky recuerda que por aquellos años anduvo Pérez Esquivel y los alentó a que se conformaran como institución los escritores y los que integraban el incipiente Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos. ¿Cómo recordás aquel momento?


_Pérez Esquivel venía del Sur, de haberse reunido con las comunidades indígenas. Era, es un hombre muy luchador. Me quedó grabado siempre ello. En esa oportunidad a mi me llamó mucho la atención su trabajo. Le pregunté cómo había hecho para lograr que lo integraran a las comunidades. Él me decía que todo fue hecho con mucha paciencia porque los pueblos originarios, sus integrantes no hablan, son muy introspectivos, se cuidan de hablar ante los extraños que podemos ser nosotros. Todo es esperar a ser aceptados.


No sé bien cómo fue que él (Pérez Esquivel) llega a La Pampa. En aquel entonces, tiempos en que estábamos en vías de recuperar ya la democracia o hacía poco que la habíamos recuperado y nos reuníamos los de la Comisión para los Derechos Humanos y también el grupo de escritores, entre los que nos encontrábamos con Muruma Lucero, Edgar Morisoli, el Pinky Pumilla, toda gente preciosa. Nos reuníamos en las escalinatas de la Universidad de La Pampa. Él (Adolfo Pérez Esquivel) nos instó a que nos asociemos, a lograr la personería jurídica, porque ya juntos estábamos. Así fue que creo que él nos dio el empujón que faltaba para que se concretase lo que luego sería ya APE (Asociación de Derechos Humanos) y el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos. Hace un tiempo lo vi en televisión, y lo vi muy bien, más allá de que es un hombre grande (Pérez Esquivel tiene 91 años). La llamé a Muruma (todavía vivía Muruma Lucero) y le comenté mirá Muruma lo vi a Pérez Esquivel porque no lo invitamos para que venga a visitarnos y que vea todo lo que el propuso se cumplió. Porque se organizó el Movimiento Popular Pampeano por los Derechos Humanos, y se fundó la APE y trabajan y hay actividades continuamente. A Muruma le pareció muy bien la idea de que traigamos a Pérez Esquivel. Es una idea que tendría que comentársela a los compañeros de APE.



Doña Pola, la partera del pueblo.

_ La Pola era de Ucrania. Siempre me acuerdo de ella, pobrecita. Se acostaba y tenía frente a su cama una percha con el delantal con el que atendía los partos. Porque venían las embarazadas con el chico por nacer. Le golpeaban la ventana y ya se ponían el delantal y subía al sulky e iba a atender los partos. Medio Winifreda trajo la Pola con los partos que atendió.


La abuela Pola con la familia vivía frente a los Reidel, que eran herreros. Ahí fueron a vivir cuando se mudaron del campo al pueblo. La familia se vino a La Pampa porque en Ucrania los abuelos tenían una quinta, y el abuelo quería seguir siendo agricultor. Fue por ello que se vinieron, primero van a parar a una chacra. Con el tiempo se mudan al pueblo. La chacra estaba en la zona conocida como “La Espiga de Oro” que es para el lado de Mauricio Mayer.


A estos primeros tiempos en su libro “El último resplandor” Alejandra “Mañiusa” Naunchuk le dedica un relato llamado “La Espiga de Oro” y es este el relato que abre la obra literaria de Mañiusa.



Otros recuerdos de la infancia de Mañiusa

_Mi infancia la recuerdo como algo muy lindo. Mi viejo era un gran luchador. Se organizaba con otros que tenían chacra para oponerse a los desalojos que querían imponer los grandes terratenientes. La chacra, que tenía la familia, desembocaba en un camino vecinal que comunicaba con el pueblo. Uno de esos terratenientes fue el padre de la niña Winifred, ese terrateniente fue Drysdale. Por eso se llama así nuestro pueblo (Winifreda). Mi viejo siempre fue muy luchador, él estaba afiliado al Partido Comunista. Todos ellos fueron muy luchadores, en algún momento se estableció contacto con un grupo de anarquistas de Rosario que llegaron al pueblo para organizar la lucha contra los desalojos. Esos desalojos eran muy dolorosos, las familias se terminaban yendo al monte a vivir tras los desalojos, era un peregrinar donde el que guiaba en el camino al monte era el hombre a caballo, después seguían los niños arriba de un carro y al final las mujeres con todos los enseres. Por eso fue importante la lucha para frenar esos desalojos impuesta por los grandes terratenientes. Esto fue más o menos por los años 40. Cuando fueron a reunirse con las autoridades para poder entrar a la reunión llevaron al cura, que para cuando mi viejo propuso ir con el cura los anarquistas ya se alarmaron. Pero fue una buena idea porque así lograron reunirse y lograron obtener la Ley contra los desalojos. Fue una gran lucha, y fue un logro muy importante obtener esa Ley. Para ello se organizaron de aquí de La Pampa entre muchos pequeños chacareros para viajar a Buenos Aires, y lograr una reunión con Perón. Perón los recibió y de ahí sale la Ley contra los desalojos de los chacareros pequeños que estaban en los campos de donde los grandes terratenientes querían desalojarlos. Es decir, mira vos mi viejo junto con el resto logran reunirse con Perón para lograr una ley en defensa de los pequeños chacareros.



LA BIBLIOTECA POPULAR Y MAÑIUSA

Por otro lado, la biblioteca fue una parte muy importante en mi vida, con el Basko Inchaurraga nos juntábamos en la esquina de la biblioteca. La verdad que fue una alegría volver a la biblioteca hace dos años casi 3 ya cuando se hizo el Encuentro de Letras Pampeanas en Winifreda. La biblioteca es una institución muy importante y querida por mi y calculo que por todo el pueblo.



¿Mañiusa cómo es que se da tu relación con la escritura?

_Mi relación con la escritura es gracias a mi viejo, porque él era muy lector. Yo leía mucho con mi viejo. Escribo poesía y relatos.


Mañiusa vive en la ciudad de Santa Rosa desde hace años, sin embargo, no olvida a su querido Winifreda, en una breve charla que tuvo este cronista con ella hace minutos para corroborar datos de su vida sostuvo “la verdad que me encantaría volver a vivir a Winifreda, es tan lindo nuestro pueblo”.


EL último resplandor, es el último libro que publicó Alejandra Naunchuk, fue publicado por Editorial Acercándonos (2017). Lo conforman 11 relatos breves. “La Espiga de oro”, “Martino”, “El último resplandor”, “El rescoldo”, “Lechuzas y palabras”, “…en un operativo fue abatido…”, “El viento en los durmientes”, “Una porfía en los durmientes”, “Una porfía en el horizonte”, “El fotógrafo”, “El tiempo sin olvido”, y “El patio”.


 

“Martino”

Alejandra “Mañiusa” Naunchuk


_ ¡Doña Pola, Doña Pola!


La voz y los golpes en la ventana se sucedieron varias veces.


_ ¡Sí! ¿Quién es?


_Francisco, Doña Pola, se descompuso la Emilia.


_Ya voy.


Se vistió con premura calzándose el delantal que estaba siempre preparado. Era casi la madrugada. Tomó el maletín, un poncho para cubrirse y salió al encuentro de Francisco en la calle desierta y fría, del pueblo dormido. Subieron al sulky y partieron en silencio. La casa estaba en las afueras. Esperaba que no hubiera demasiado barro en el camino, después de las lluvias las lagunas y el lodo volvían despacioso el andar del caballo.


La había visto hacía unos días. El vientre voluminoso la convenció de que el niño o niña iba a ser grande. Pero uno solo, no dos como creía Emilia. Era el quinto que llegaba y ella…esperaba mellizos.


Cada vez que iba a recibir un bebé imaginaba la misma escena. Todos asustados, sin saber que hacer. Le había recomendado a Francisco que por esos días tuviera siempre preparado el sulky, para cuando naciera Martino, si era varón, Martina si era mujer. Para ella, iba a ser Martino.


Emilia ya estaba en su vieja cama de hierro. El día anterior había alisado el piso de tierra con el barro cocido que siempre preparaba, para que la habitación luciera ordenada y limpia. Eso le apresuró el parto, ya Doña Pola se lo había advertido; no había que moverse mucho. Pero ella quería que todo estuviera…lindo, como decía.


La Partera, le quitó las mantas, la acomodó y comenzó a trabajar. Colocó sus manos en el vientre, ese gesto le producía una tibia emoción. Amaba los nacimientos.


Emilia sujetó con fuerza los barrotes de la cama y comenzó a pujar sudorosa, tensa. ¡Tantas veces y siempre se ponía igual! Los cabellos oscuros se pegaban a la cara, dónde lo único que existían eran sus ojos. A doña Pola, siempre le llamaron la atención esos ojos. Grandes, bien abiertos y muy marrones. Cuando asomaba el hijo, los ojos eran inmensos. Tenían miedo, clamaban, lloraban. Las lágrimas se perdían en el cuello joven, largo y delgado.


_Tranquila Emilia. Todo va bien.


Pero los ojos seguían fijos. Ocupaban todo el rostro. A doña Pola le parecía que los gemidos salían por las pupilas, que interrogaban y sufría.


De pronto la boca quedó abierta… sin ningún sonido.


Martino había nacido.


Francisco siempre entraba en ese momento. Era un hombre alto, de cara agrietada por el sol y el trabajo. No sabía qué hacer cuando nacían sus hijos. Se quedaba parado mirando. En ese momento, sus ojos iban de Martino a Emilia, de Emilia a Martino.


_ ¡Doña Pola! ¿Vio? ¡Un varón! ¿Cómo están?


_Los dos muy bien.


La hija mayor ayudaba a limpiar y Francisco con ternura refrescaba el rostro de su mujer.


Doña Pola envolvió a Martino en su primer pañal y lo colocó con mucha dulzura en el pecho de Emilia. Siempre decía que el niño debía recibir al momento de nacer, el calor de su madre. Era un nene robusto. Iba a ser una buena mano para su padre.


Pasaron varios días.


Mientras la nieta jugaba, Doña Pola leía el periódico en la cálida siesta, donde sólo las chicharras despeñaban el silencio.


Una de esas tardes, apareció Francisco enarbolando una botella de cerveza negra.


_ ¡Doña Pola! ¿cómo le va?, le vengo a traer esta cerveza, la Emilia está muy bien. Ya está lavando ropa. ¡Es más porfiada! ¡Y el Martino! ¡Usted no sabe! Está hecho un torito.


Hablaba y reía al mismo tiempo, en ese castellano poco gramatical.


_Bueno, ¡ahora tengo dos varones y tres chancletas!


Le gustaba esa gente. Eran como la tierra, áspera pero fértil, con olor a aire fresco, franqueando siempre la mirada. Y ellos también la querían. Nunca se había negado al despertar de un parto, a pesar de los lugares alejados o el tiempo tormentoso o con lluvia. Le pagaban, por ahí, con alguna gallina o huevos y cuando la chacrita comenzaba a tener cierta prosperidad, podía ser algo mejor.


Doña Pola, puso un mantel en la mesa de la galería y colocó tres vasos. Sirvió la cerveza para Francisco, para Pablo -su marido- y para ella. Brindaron por la llegada de Martino.


Luego, hablando y riendo por distintas cosas se despidieron con alegría.


La nieta que seguía jugueteando, al rato, curiosamente preguntó:


_ ¿Abuela, por qué ese hombre te trajo una botella de cerveza?


Doña Pola mirándola, con una media sonrisa le contestó:


_Porque es lo único que tiene.


 

# Este cuento recibió el primer premio en un concurso literario en Winifreda.



La labor como obstetra de Doña Pola (Pelagia) fue reconocida en un homenaje realizado por el Ministerio de Salud Pública del Gobierno de la provincia de La Pampa y por la Municipalidad de Winifreda. Hay una placa en el Establecimiento de Salud del hospital de Winifreda en la entrada de dicho edificio que recuerda la labor como obstetra de Doña Pola.


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